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Coahuila

Con el nàhuatl como lengua, Victoria se abre camino en una ciudad desconocida para ella

Victoria Ramírez llegó a Monclova con su familia para vender chapulines y charales, buscando ingresos ante la falta de trabajo en su tierra.

Por Carolina Salomón - 15 octubre, 2026 - 03:58 p.m.
Victoria Ramírez llegó hace pocos días a Monclova desde Veracruz para vender chapulines y charales junto con su familia.
Victoria Ramírez llegó hace pocos días a Monclova desde Veracruz para vender chapulines y charales junto con su familia.
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      MONCLOVA, COAH. - Lejos de su tierra, de su clima fresco y de la tranquilidad de su hogar, Victoria Ramírez llegó hace apenas unos días a Monclova con su familia, cargando alrededor de 20 kilos de chapulines y charales para vender, pero también con una dificultad que hace más complicado su día a día: entender el español.

      Originaria de la Sierra de Zongolica, Veracruz, Victoria tiene el náhuatl como lengua materna. Es el idioma que habla con su familia y el que ha acompañado su vida;

      en cambio, comunicarse en español representa un reto, sobre todo cuando las conversaciones van más allá de unas cuantas palabras. "Yo casi no entiendo español", explica con sencillez.

      La lucha por comunicarse en un nuevo entorno

      Aunque conoce algunas palabras que le ayudan a ofrecer sus productos, no siempre logra comprender lo que las personas le dicen. Así, entre la necesidad de vender y las barreras del idioma, busca salir adelante en una ciudad que todavía le resulta ajena.

      La decisión de viajar hasta Monclova nació de una necesidad: en su comunidad, asegura, el trabajo escasea. "Ya en la casa no hay trabajo", cuenta.

      Por eso, junto con sus seres queridos, emprendió el viaje para ofrecer chapulines y charales que compra a otras personas para revenderlos. Su esposo conoce Monclova desde hace alrededor de tres años, pues viene por temporadas;

      para Victoria, en cambio, esta visita apenas comienza. Su estancia será temporal. Calculan permanecer cerca de dos meses y, mientras tanto, rentan un lugar para vivir.

      Llegaron con la esperanza de vender lo suficiente para cubrir sus gastos, pero las ventas no han sido fáciles. Victoria recuerda que uno de los días recientes apenas reunió 150 pesos.

      Los productos se ofrecen en pequeños vasos: uno cuesta 60 pesos y dos, 100. Los acompaña con limón y salsa, mientras espera que más personas se acerquen a comprar.

      Detrás de cada venta está la necesidad de reunir dinero para sostenerse durante su estancia lejos de casa. Pero, aun en medio de las dificultades, Victoria conserva algo que la mantiene unida a sus raíces:

      su lengua, su vestimenta y las costumbres de su comunidad. El náhuatl no es solamente el idioma que habla; es también una herencia familiar que reconoce como parte de su historia.

      La conexión con sus raíces

      Victoria no piensa quedarse en Monclova. El calor de la ciudad es muy distinto al clima fresco al que está acostumbrada en Veracruz, y su intención es regresar a casa cuando termine esta temporada de ventas.

      Por ahora, permanece aquí con su familia, ofreciendo sus productos y tratando de hacerse entender en un idioma que todavía le cuesta trabajo.

      Su historia recuerda que, detrás de quienes llegan a vender a las calles, también hay familias que dejan temporalmente su hogar porque en su tierra no encuentran suficientes oportunidades.

      Y aunque el español le resulte difícil, Victoria sigue buscando la manera de comunicarse, vender y salir adelante, sin dejar atrás la lengua ni las raíces que la acompañan.

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