MONCLOVA, COAH.— Hay batallas que no se ganan solo en los quirófanos, sino también en el corazón de una comunidad que se niega a rendirse. Tras dos años de una angustiante espera y procesos médicos complejos, el pequeño Yusak regresó a la Parroquia San Antonio de Padua, no para pedir un milagro, sino para agradecer que ya es una realidad. En una emotiva misa de acción de gracias, su familia, amigos y el párroco local celebraron el alta definitiva de un niño que se ha convertido en un símbolo de resiliencia para todo Monclova.
El camino para llegar a este altar ha sido largo. Hace apenas un mes, el cardiólogo que operó a Yusak le otorgó el alta oficial, permitiéndole dejar atrás los medicamentos para la presión arterial y las convulsiones. Aunque la lucha le ha dejado huellas físicas —como una visión reducida y dificultades en su mano derecha tras haber sobrevivido a dos paros respiratorios—, nada de eso opaca su sonrisa. Hoy, Yusak usa lentes de alta graduación y enfrenta el futuro con la misma valentía con la que superó la cirugía de corazón que le salvó la vida.
"Estamos muy agradecidos, principalmente con Dios por habérnoslo dejado", expresó Yasmín, abuelita del menor, durante la ceremonia. La familia destacó que, si bien una fundación cubrió la cirugía, fue la solidaridad de los monclovenses la que permitió solventar los gastos de traslado y estancia durante los momentos más críticos. Esa unión ciudadana, que se manifestó en oraciones y apoyo económico, encontró su culminación frente al altar, donde Yusak, con su característica alegría, demostró que los diagnósticos más sombríos pueden ser derrotados por la voluntad y el amor.
A pesar de que los médicos temían que la falta de oxígeno afectara su habla o su aprendizaje, Yusak ha florecido como un niño sumamente inteligente y platicador. Aunque todavía muestra cierta inseguridad al jugar debido a lo vivido, su evolución es un testimonio viviente de esperanza. Al finalizar la misa, entre flores y veladoras, quedó claro que la historia de Yusak no es solo la de una recuperación médica, sino la crónica de un pueblo que se unió para proteger la vida de uno de sus hijos más pequeños.