Víctor Morales visita tumbas de su familia en Ramos Arizpe
La falta de unión familiar tras la muerte de Hermelinda Calvillo ha afectado la convivencia de sus hijos.

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RAMOS ARIZPE, COAH.- Ni la distancia, las dificultades económicas ni sus 86 años impidieron que Víctor Morales Vega cumpliera con una tradición que mantiene desde hace décadas: visitar en noviembre las tumbas de su esposa y dos de sus hijos.
Vestido con atuendo vaquero, botas boleadas y un ramo de flores entre las manos, Don Víctor llegó al panteón para reencontrarse, aunque fuera por unos momentos, con quienes marcaron su vida. Su presencia frente a las sepulturas estuvo acompañada por la nostalgia de recordar a su esposa, Hermelinda Calvillo Peña, fallecida hace más de 30 años, cuando ambos aún eran jóvenes.
La difícil travesía de Víctor Morales
El recorrido no fue sencillo. Desde el ejido San José de los Nuncios, donde actualmente reside, tuvo que trasladarse en taxi hasta el camposanto. El viaje le costó 300 pesos de ida y una cantidad similar para regresar, un gasto que decidió realizar pese a que todavía no había recibido el pago de su pensión.
Para él, el dinero pasó a segundo plano frente a la importancia de cumplir con sus seres queridos. En esta ocasión, sin embargo, permaneció poco tiempo debido a que su dentista le recomendó evitar la exposición al sol mientras se recupera de una curación en una de sus muelas. Habitualmente acostumbra quedarse varias horas para conversar con ellos y contarles lo que sucede en su vida.
Recuerdos de una familia unida
Durante la visita recordó también a sus hijos Víctor y Juan, quienes fallecieron antes que sus padres. Uno perdió la vida por complicaciones relacionadas con la vesícula y el otro a consecuencia del cáncer.
Don Víctor tuvo seis hijos; actualmente sobreviven tres mujeres y un hombre. Sin embargo, reconoció que la convivencia familiar se ha vuelto menos frecuente, principalmente por la distancia y porque, tras la muerte de su esposa, la familia comenzó a perder la unión que ella mantenía.
"Así es esto, siguen más a la mamá y pues ella ya no está con nosotros", expresó con nostalgia al explicar por qué ahora tiene poco contacto con algunos de sus hijos, aunque quisiera compartir más tiempo con ellos.
Hermelinda, recordó, era quien mantenía unidos a los Morales. Desde su partida, hace más de tres décadas, las reuniones familiares dejaron de ser tan frecuentes y cada integrante tomó su propio camino.
Antes de retirarse, Don Víctor distribuyó las flores que llevó entre las dos tumbas y acomodó una pequeña maceta de flores artificiales que había sido derribada por el viento.
Con la esperanza de regresar el próximo noviembre, abandonó el cementerio después de cumplir una vez más con una cita que para él no conoce de distancias ni de dificultades: recordar y mantenerse cerca de su familia.




