Serguei Lavrov, canciller de Rusia, se fue de Bali la noche del martes y abandonó el G20 antes del fin de la cumbre, en la que enfrentó los reproches de varios líderes mundiales por la invasión a Ucrania.
El canciller, todavía vestido con la camisa tradicional que usaron los líderes en la cena de gala, partió y no estará presente en la jornada de cierre de este miércoles.
Rusia se enfrentó una creciente presión diplomática para poner fin a la invasión, mientras los aliados y los críticos del G20 lamentaban el doloroso impacto global de casi nueve meses de conflicto.
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, cuya preparación para la cumbre se vio interrumpida por dos controles médicos en el hospital por una dolencia no diagnosticada, permaneció en la sala durante todo el discurso de Zelensky, según fuentes diplomáticas.
En su intervención Lavrov acusó a Occidente de “librar una guerra híbrida contra Rusia”, culpó al neocolonialismo de los problemas económicos que afronta el mundo y acusó a Kiev de no ser realista en sus condiciones para retomar las conversaciones de paz.
Un borrador del comunicado mostraba que las 20 principales economías del mundo se unían para condenar los efectos de la guerra, pero seguían divididas a la hora de repartir las culpas.
La cumbre ha demostrado que incluso los aliados de Rusia tienen una paciencia limitada con un conflicto que ha inflado los precios de los alimentos y la energía en todo el mundo y ha hecho surgir el espectro de una guerra nuclear.
INFOBAE