A dos décadas de uno de los capítulos más oscuros y mediáticos en la historia de Nuevo León, la sociedad regiomontana recuerda este 2 de marzo de 2026 el vigésimo aniversario del Caso Cumbres. El doble homicidio de los hermanos Erik y María Fernanda Peña Coss, ocurrido en 2006, sigue siendo un referente de la justicia en México y una herida abierta en la memoria colectiva de Monterrey, debido a la brutalidad del crimen y al circo mediático que rodeó la figura de su perpetrador, Diego Santoy Riveroll.
El trágico suceso tuvo lugar en un domicilio de la colonia Cumbres, donde Santoy, impulsado por una obsesión tras el fin de su relación con Erika Peña Coss, irrumpió en la vivienda para cometer el asesinato de los menores de siete y tres años. La narrativa del crimen, que incluyó el secuestro de una empleada doméstica y un intento de asesinato contra su propia exnovia, conmocionó al país entero. El caso escaló rápidamente a niveles de culto y controversia cuando surgieron grupos de simpatizantes que, de manera inexplicable, defendían al hoy sentenciado, apodándolo el "Asesino de Cumbres".
A 20 años de distancia, Diego Santoy permanece recluido en el penal de Cadereyta, cumpliendo una condena que tras diversas apelaciones y procesos legales fue fijada en 71 años, aunque por ley el máximo de permanencia en prisión es menor. Durante estas dos décadas, el caso ha sido objeto de múltiples documentales, análisis psicológicos y debates sobre la complicidad o inocencia de Erika Peña Coss, una duda que, a pesar de las sentencias judiciales que la absolvieron de toda participación, persiste en sectores de la opinión pública que fueron alimentados por las declaraciones contradictorias de Santoy durante el juicio.
Impacto en la comunidad
La conmemoración de este aniversario también sirve para reflexionar sobre la evolución de los protocolos de justicia y el manejo de escenas del crimen en México, los cuales fueron severamente criticados en aquel entonces por la contaminación de pruebas y la filtración de material sensible a los medios. Hoy, el Caso Cumbres se analiza no solo como un acto de violencia doméstica y feminicida en grado de tentativa, sino como el momento en que la seguridad ciudadana y la privacidad familiar en las zonas residenciales de Monterrey cambiaron para siempre.