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Jugadores rinden homenaje a Jesús Villanueva en la Liga Furiazul

Familiares y amigos compartieron anécdotas sobre la influencia de Jesús Villanueva en el desarrollo de los niños en el béisbol.

Edson Rojas
Por Edson Rojas - 05 julio, 2026 - 11:44 a.m.
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El diamante del Piratita Park se envolvió de nostalgia, al mismo tiempo, de una alegría especial para recordar a quien durante años hizo del béisbol una forma de vida. El legado del manager Jesús Antonio Villanueva Villa (+) volvió a sentirse entre el polvo del infield y calor del dugout, cuando jugadores, familiares y amigos le rindieron un sentido homenaje póstumo.

Antes de que se cantara el playball de la serie final de la categoría 7-8 años de la Liga Furiazul, los equipos de Gigantes y Piratas ingresaron al terreno portando globos blancos que, instantes después, soltaron hacia el cielo como un simbólico envío de cariño para quien fuera el alma y timonel de los colosos. El emotivo acto culminó con un minuto de aplausos que retumbó en todo el parque en memoria del entrenador, fallecido el pasado 11 de junio.

"Es muy duro regresar a un campo porque prácticamente aquí nos la vivíamos, entrenando, jugando, siempre juntos con él y con mis hijos. Lo tengo presente todos los días y, más aún, en este momento, apoyando al equipo en una final que a él le ilusionaba muchísimo jugar", expresó conmovida Yoanna Ibarra Sánchez, esposa del desaparecido manager, en entrevista para Periódico La Voz.

Recordó que, más allá de los resultados, Antonio Villanueva dejó una huella imborrable en cada uno de los pequeños peloteros que dirigió.

"Los niños, antes que nada, lo querían muchísimo como persona. Era muy apegado a ellos, muy cariñoso. Cuando alguien fallaba con el bat o cometía un error en el cuadro, siempre encontraba las palabras para levantarle el ánimo. Eso fue algo de lo que les recordé en la plática con ellos antes del juego", comentó.

Por su parte, Dinora Villa, madre de "Toñín", confesó sentirse reconfortada al comprobar que el aprecio hacia su hijo sigue intacto dentro y fuera del terreno.

"Me siento muy orgullosa de ver que lo siguen recordando con tanto cariño. Desde niño se enamoró del béisbol; comenzó con los Bravos de la Ciudad Deportiva bajo las enseñanzas del manager Genaro Maldonado. Después jugó en distintos equipos y, cuando tenía alrededor de 28 años, inició su camino como manager al frente de Gigantes, donde también crecieron como peloteros sus hijos", relató.

Aunque el destino le arrebató la oportunidad de dirigir esta final, su presencia nunca abandonó la caseta de Gigantes. Sobre la malla de protección colgó la camisola con el número 99, la gorra que lo acompañó durante incontables batallas y una imagen colocada como amuleto, recordándole a cada jugador que su manager seguía formando parte del equipo.

"Toñín" Villanueva dejó de ocupar su lugar en el dugout, pero jamás abandonó el corazón de su novena. En cada lanzamiento, en cada batazo y en cada porra, el recuerdo de Antonio Villanueva volvió a cobrar vida sobre el diamante.

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